lunes, 28 de febrero de 2011

VIAJE A LOS TOROS DE PAMPLONA. XIV

Despertamos pronto, una mañana más y enseguida, recogido todo en el coche, salimos al olor del café y el zumo y a hincarle el diente a unos huevos o a unos lomos adobados, según pareceres del momento, y a la chimenea, que aún nos daría tiempo de charlar un rato más de toros. Recién levantados y ya charlando de toros con un matador, su cuadrilla y demás taurinos que allí nos damos cita en un momento en una mañana fría, de un límpido azul y una bombilla que no termina de calentar, pero que hará agradable la visita que nos queda.
De ahí a las despedidas contando las horas de volver a juntarnos, esperando que no sean muy prolongadas, y la verdad es que si podemos escaparemos esta primavera a la Venta del Cruce y salimos carretera camino de Tamames; ruteamos dejando a la derecha la Peña Francia, "la raya" buscando las cercas de nuestra última visita: cita, once horas, destino Puerto de la Calderilla.
Y tal como el ganadero que vamos a visitar llegamos puntuales. Es sábado y en el silo y el cebadero el trabajo es incesante, mientras entramos viendo a la derecha las cercas de El Puerto de San Lorenzo y a la izquierda las de El Pilar, ganadería que dadas las circunstancias hemos dejado para el final.
Llega Moisés y entre apretones de manos salta la pelea de la mañana entre sus chuchos, y la cámara no la pierde. Como dos toros encelados, dos de sus perritos se las tienen mientras él intenta encerrar a unos en un coche y dejar a otros fuera. Aún me acuerdo del cabroncete que me mordió el pasado año que esta vez no se atreve a meter el hocico cerca porque se imagina la patada que va a recibir. ¡Hombre! ¡No quiero que el señor de la casa se enfade, pero un meneo si le pegaría!
Nos montamos en el coche, y de cháchara y charla daremos la vuelta a toda la finca, viendo 'pamplonos' y de toda condición que tiene esta casa para la saca anual. Hermosos toros, con sus pelos salmantinos, que aquí hace frío, el buen tiempo llega más tarde y hay que aguantar lo máximo con abrigo extra. A raíz de ello comienza una de la conversaciones profundas de la mañana en las que el ganadero Fraile nos da su punto de vista sobre el tiempo y él cree que el tiempo frío les viene bien a los toros, que no los arredra. A él le parece peor el agua, la continua humedad de la tierra, la nieve, que puede dar problemas de manos y patas, a parte de que eso sí que retrasa el cuajo del toro. De los sanfermineros no hay problema, tiene una decena de buereles de altísima condición: remate, cuajo, caras, variedad de pelajes entre coloraos a negros. Le mentamos que nos da la sensación de verlos más hechos que el pasado ciclo y larga sin dudar que para él es la mejor corrida, en esa condición del toro que exigen esas plazas, que ha preparado nunca, con la coletilla lógica de que lo que después ocurra en el coso no tiene que ver con la intención primaria de escoger, elegir, crear lo mejor para la ocasión. Las cancelas van cayendo y la conversación va variando del tiempo a las plazas, de la alimentación a las fundas, de las horas de dedicación suyas y de toda la familia a las esperanzas sobre el futuro. Y así se nos van más de dos horas antes de entrar a casa a tomar un café antes de salir carretera y manta de vuelta hasta casa. Aceptamos el café, pero avisado de nuestra necesidad de volver, al ganadero le queda un año más el resquemor de no haber hecho todo lo posible porque ya nos apunta que el año que viene empecemos el viaje al revés y así echamos un día entero allá. Aún se le ve más ese parecer cuando nos invita a tentar en primavera, a volver antes de que se encauce la temporada a lo que queramos, y dejando las últimas chistorras, vino y queso, este hombre adusto, como la tierra que pisa, rudo y curtido como el tiempo que la acecha, encallecidas manos que aprieta firme como la honradez que le caracteriza, este recio trabajador como nadie en toda esta tierra, salvo el resto de su familia que fatigan tanto o más que él, nos despide agradecido de la visita, de los presentes, de la charla y de su nueva presencia cuando el ser de la partida la próxima feria se lo ha ganado él, y de la corta pero intensa estancia con que hemos sido bendecidos esta hermosa y soleada mañana somos nosotros quienes debemos agradecérselo sin final.
Y respirando a toro, con el corazón latiendo intesamente, el ánimo incólume y las baterías cargadas para mucho tiempo, salimos recordando este y otros días, haciendo un sincero y agradable resumen de lo vivido. Charlamos todos sin parar, cantamos, tocamos palmas, reímos sin desmayo. Volvemos a casa. No estamos tristes porque esto parezca el final de un viaje. Estamos cansados, felices, alegres de volver a ver a los nuestros, orgullosos del resultado de los días y sabedores que este viaje no ha hecho más que comenzar, para empezar porque siempre lo tendremos presente. Nuestro ordenador central lo guardará en sus archivos privilegiados y para finalizar porque su esencia formará, ya, parte de lo más íntimo de nuestra alma. Y así, pasados muchos días desde que volví, aún respiro profundamente y siento que esto ha ocurrido hace un instante, un momento, y así lo escribo de corrido, porque sé que ya forma parte de mí y de mis compis de viaje, y por eso ya estamos preparando el próximo, cuando aún seguimos deleitándonos con este.
J.J. prepara las maletas que el año que viene te toca.

1 comentario:

  1. bueno patxi pues gracias he disfrutao leyendo como un cuto en un charco.saludos

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