domingo, 20 de julio de 2014

FERIA DEL TORO III


Domingo 13 de Julio. Parece que la lluvia hace un alto en el camino. Sale el sol. ¡Y se ve!
Mañana fresca con cielo azul¿? Todo preparado para disfrutar de uno de los días señalados en el calendario sanferminero del buen aficionado. Los cardenitos albaserradas de la casa de Adolfo Martín empezarán la carrera en unos instantes, y junto a José Antonio, veterano mayoral de la casa, veo el encierro entre pantallas y directos. Los ganaderos no están. Salieron de viaje desde Ceret, donde lidiaron la noche anterior, y al final, hicieron un alto en el camino a descansar. Para el sorteo están de sobra.

El encierro con adrenalina y emoción, sumando el conocimiento de cada toro y sus posibles porqués, no tiene precio. Tener al conocedor diciendo, ¡ojo! Que ese 44 va a ser ligerito de pies. Y ver que luego se cumple es un lujo. No en vano, es el conocedor de la casa, y hoy es de las personas que más merece la pena estar con él. Vamos, si es que uno quiere seguir aprendiendo de esto. Cosa que hay que hacer a diario. Al final, todo bien. Respiro hondo, y a la carrera, cada uno a lo suyo. Y lo mío al programa en directo post encierro.

Saludos con Manuel Escribano, recuerdos de citas para el mediodía con el Dr. Purroy, y a casa a despedir a los huéspedes. Abrazos, besos, buenos deseos, y a seguir con la vida sanferminera. Mañana de reencuentros, al haber quedado con los amigos de la peña El Quite de Logroño, grandes aficionados, que vienen en gran número, junto con amigos de Cáceres a ver a los adolfos y a Urdiales. El rato justo, y a seguir con las horas de radio, antes de ir a la comida de los clubs taurinos de Navarra, que prepara e invita el de Pamplona. 
Llego tarde, pero me guardan el sitio, y no me puedo quejar de mal sitio. Una gran mesa con Comensales de lujo a derecha, izquierda y de frente. Luis, Josetxo y Adolfo hijo a mi derecha. Se presume una comida cañera. Y así lo fue. Y para más inri, en la mesa de la lado, la tropa de Logroño, Cáceres con el mayoral y el vaquero que ha venido junto a los jefes desde Ceret.

Y al final, deseos de que la máxima no se cumpla, de que sea tarde de triunfo para que cuanto más sangres ocupen la feria, mejor. Y que quieren que les diga. Algo que señalar en bueno no hay. Una anodina, insulsa, aburrida, sosa e infumable tarde de toros, donde ninguno dijo nada. Ni toros ni toreros que pudieran decir algo. La ley de Murphy, inexorable un día más, nos deja hundidos. Y ya a toro pasado mucho "veedor" que afirma que estaba cantado, que este toro está fuera de tipo, que los peques de Adolfo son los buenos, que.... ¡Qué! Que has ido a los toros, y que esperabas una gran tarde como todos.




14 de Julio. Día de despedidas que empiezan la noche anterior, cerrando capítulos, desde el encierrillo. Último encierro en compañía de los mayorales de Adolfo y de Miura, y muy cerca, casi a nuestra vera, el bueno de Toto Miura, que está tan nervioso como un novicio en su primer día de convento. Y es que los últimos diez minutos se hacen interminables. O parecen que son minutos de mil segundos cada uno.

Les cuento, como hice en el programa de la mañana, que subía en la villavesa (nombre de los urbanos en Pamplona y cuenca) desde la Rotxa, única forma de llegar a la plaza sin pasar por la locura de la noche en la parte vieja, y un amigo de la peña subía con sus hijos al encierro. El mayor, un joven talludito ya, que me pregunta quienes son hoy, y al oír Miura que despotrica diciendo que son encierros sosos que nunca hacen nada. Sonrío ante los tópicos que los niños reciben de sus mayores, y le digo que los seis de este año son nuevos, y que no se crea eso de la memoria genética que algunos mental, diciendo que si los Jandillas son peligrosos o que los Miuras son gregarios, o que... Le digo que no se crea nada, que cada año, son seis diferentes. No parece muy contento. Y después de lo que vivimos y lo que vimos con Olivito no puedo más que pensar en la cara que debió poner el crío después de ver aquel chandrío.

Vemos el encierro desde la pantalla de la plaza, como los seis cárdenos tiran con fuerza, pero hasta que llegan los mansos a la arena no nos damos cuenta de que sólo va uno de los salineros. El ganadero es el primero en dar la voz de alarma, y su mayoral en identificar quien falta. Y es que hasta las seguidas repeticiones no vemos todo lo que acontece segundos antes en curva Mercaderes-Estafeta. Un toro de Miura a solas es un peligro seguro. Mucha gente se queda donde no debe. Algunos les venden la moto de que ahí no pasa nada. El caso es que Olivito hizo lo que debe hacer un toro bravo, mirar al tipo y decirle, o tú eres tonto o lo soy yo. Y no, yo soy de la casa de las calaveras y lo mío es acometer. Y así que le dio al tonto que se quedó quieto hasta hartar. Pobre hombre. No tiene esa locura consciente que hay que tener dentro del recorrido y saber que siempre hay que salir corriendo y hacia adelante, que es la única salvación. Tampoco estuvo torpe del todo, porque recordó que a la vuelta de la esquina había una talanquera, y hacia allí se fue. Pero eso, y ya para futuro, es un error. Al menos, volverá a Australia con algo que contar. Y si se pasa por la casa vasca de Sidney que se vaya a ver al colega Alvaro Fraser que está ávido de recibir noticias de su pueblo natal.

Encuentros finales, trabajo por terminar, y entrega del premio al mejor par de banderillas en el Club, esta vez a David Adalid, y veterano profesional, lesionado en Soria y que aún no está a punto para la tarde con su jefe Castaño. Hago la presentación de este muchacho que es famoso estos últimos años pero que se ha tirado más de diez años bregando en el terrible valle del terror madrileño. Fue un rato magnífico con este gran torero, que estuvo feliz.

Luego, más radio, y jurados varios. En concreto estoy en dos, y nada que no traen cola esto de los premios. Lo dejo para más adelante. Para el siguiente post, porque si hay mucho que hablar y cosas feas que contar y que se han dado. Y gente que critica todo, y no aguanta que le critiquen. Y eso se merece otro ratico. Este ya queda para los toros, porque a la tarde hubo toros. Y la gente o se aburre, o no los entiende, o no los ve.

Digo esto porque creo que estamos muy alejados de lo que el toreo a pie puede proporcionar en sus diferentes vertientes. Creo que el rito está cada vez más desnaturalizado, y banalizado, y el poder de la estética manda sobre la emoción, la raza y el peligro. Por eso cuando uno ve una miurada, y ocurre, que pasa, como en todos los sitios, que puede salir sosa, decimos que eso no son miuras. Por contra, si existe ese peligro sordo, ese otro peligro latente, o fuerza y raza decimos que estamos ante miuras. Y esta tarde, la del catorce, ha habido de todo. Toros que han empujado, algunos que pasan desapercibidos para el personal porque no se dejan dar cien pases, otros que ponen en complicaciones a los diestros que realizan la machada de ponerse delante de estos miuras de Pamplona, y que sólo por eso son héroes, como decía Dolores Aguirre de los que se enfrentaban a los suyos. La corrida de Miura ha sido para aficionados toristas, y desde luego, con pelea en varas, con pares de riesgo, y con toros de gran nota como el que ha cerrado ciclo, Olivito, y que ha dejado por debajo el esfuerzo que ha realizado el héroe Esaú, porque este toro era para diestros muy pero que muy bregados.

Una Feria del Toro que se ha hecho larga, y que da pena que se termine. Donde hemos visto toros de toda condición, y salvo el 13 todos los días habían cosas reseñables para bien del rito. Ahora a esperar a la siguiente. Y que sea mejor. Ya falta menos!


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